Thursday, July 10, 2008

Mi mamá…: La ma dre muerta

Si el italiano Gipi construye su S. -recientemente nominada como Mejor Obra Extranjera editada en 2007 en los Premios del Saló de Barcelona- a partir del recuerdo de la figura del padre, el francés Jean Regnaud -que no Renaud, como reza la errata en portada-, con la inestimable colaboración de un afortunadísimo Émile Bravo a los lápices, articula este Mi mamá (está en América y ha conocido a Buffalo Bill) de acuerdo con la ausencia de la madre.

La obra, que Ponent Mon ha editado aquí con muy pocos meses de diferencia respecto de la edición original en el país vecino, si no es autobiográfica, desde luego lo parece: su protagonista es el pequeño Jean, es un niño de cinco años que vive en una Francia pretérita en compañía de su padre, director de una fábrica, su hermano pequeño Paul, e Yvette, su joven y amable niñera.

Las páginas de Mi mamá, cargadas de calidez, muestran la vida cotidiana de Jean: las mañanas en la escuela, atormentado por las preguntas de la profesora o la presencia de un psicólogo infantil; las tardes en casa, merendando el chocolate con leche que prepara Yvette; su amistad con Alain, un compañero de clase, o con Michèle, una vecina dos años mayor que él (un par de años que, a esa edad, suponen una distancia abismal); etcétera. Una existencia que debería desarrollarse plácidamente de no ser por alteraciones fruto de su imaginación (la bruja que se sitúa al lado de su cama algunas noches, y que lo matará si se mueve) o de una realidad que no comprende, condicionada por su incapacidad para leer y escribir, y subrayada por una ausencia, la de su madre, para la que no recibe una explicación.

Si el trabajo que desarrolla Regnaud es soberbio, no lo es menos la labor de Émile Bravo en la parte gráfica. Al dibujante lo conocíamos como el responsable de dos excelentes historias breves, “Ben Qutuz Brothers” y “Young Americans”, así como por su particular homenaje a los Blake y Mortimer de Edward P. Jacobs (publicadas todas ellas, respectivamente, en los números 1, 4 y 5 del indispensable El Manglar). Estas narraciones demostraban su talento como autor completo; pero con Mi mamá Bravo se desprende de toda ínfula de autor y pone su desbordante talento gráfico al servicio de un Regnaud inspiradísimo en su regresión a unos tiempos de aroma inestable, tendente a la sublimación tanto de las alegrías como, sobre todo, de los miedos: la infancia.

De esta forma, Regnaud y Bravo construyen una obra desde un presente apenas sugerido (solo en un momento dado se hablará del conocimiento de hechos venideros), señalando la necesidad de las mentiras piadosas y del poder de la imaginación para sobrevivir contra viento y marea en una época cargada de descubrimientos e incertidumbres. Una época que culmina y muere con un cruel descubrimiento respecto de la figura de Papá Noel, ese mismo descubrimiento que inauguraba la madurez del protagonista de la estupenda novela de Thomas M. Disch Doctor en medicina.

Así pues, estamos ante una obra imprescindible, que subraya con cariño y ternura, sin estridencia alguna, lo difícil que resulta aceptar una pérdida y sobreponerse a ella.

Título: Mi mamá (está en América y ha conocido a Buffalo Bill)
Autores: Jean Regnaud (guión) / Émile Bravo (dibujo)
Editorial: Ponent Mon
Fecha de edición: enero de 2008
112 páginas (color) - 18 €

(+) Otros cómics sobre la infancia:
- Courtney Crumrin
- Mr. Punch
- Persépolis
- Piero
- ¿Por qué he matado a Pierre?
- Todo Paracuellos

Ambición americana

El reciente estreno de There Will Be Blood (Pozos de ambición) y su éxito en la pasada ceremonia de los Oscar ha vuelto a poner de actualidad la obra del escritor norteamericano Upton Sinclair.

A ello dedicamos la columna de Abandonad toda esperanza de hoy. Podéis leerla pinchando en el siguiente enlace:

Upton Sinclair y el Sueño Americano

Posted by marcas_b in 12:04:24 | Permalink | No Comments »

Nexus: Aven turas en el mundo en forma de cuenco

Prosigue la recuperación por parte de Norma Editorial de algunas de las series más populares editadas por First Comics en la década de los 80, y el Nexus de Mike Baron y Steve Rude es probablemente el buque insignia de aquella línea.

La segunda entrega de la lujosa edición española, a imitación de los tomos recopilatorios de Dark Horse, Nexus Archives, incluye siete comic books más, del n.º 5 al 11 del segundo volumen de la serie, publicados originariamente entre enero de 1983 y agosto de 1985.

La primera historia, “De juerga por la galaxia”, narra la odisea en la que un Judas Macabeo agobiado por el tedio y añorante de algo de diversión embarca a su amigo Horatio Hellpop, alias Nexus, a lo largo y ancho de la galaxia, empezando por el club Black Hole. Este cómic sirve de prólogo a la trilogía de “El Triálogo”, que abarcará los tres números siguientes (del 6 al 8), y que presenta un crossover con Badger, otro de los personajes del universo de First Comics, interesante aunque menos popular que los que viene editando hasta ahora Norma: Jon Sable, Grimjack y este Nexus.

En el resto de historias del volumen encontraremos también un Ylum, el mundo de Nexus, que tras la marcha de su líder ha desarrollado un nuevo estado político: una democracia que no acepta a Nexus como dictador (situación paradójica esta, dado que Horatio se ha convertido en el juez y verdugo de los dictadores que asolan la galaxia); así como un enfrentamiento entre Nexus y Teen Angel y su pandilla, un grupo de delincuentes juveniles de Nueva York.

Finalmente, el volumen se cierra con la narración “¡A por Clausius!”, donde Judas se enfrenta a El Yunque, un antiguo compañero de lucha libre, que ahora trabaja para Clausius. Dicho enfrentamiento se produce en relación a un combate de rimas, que el amigo de Nexus gana cuando recurre a una fruta cuyo nombre en inglés es complicado de rimar… Quién lo hubiera pensado, salvo Mike Baron, como bien señala el guionista Joe Casey en el rendido prólogo que abre el tomo. Este enfrentamiento, por cierto, podría recordar al que enfrentó a Morfeo y el demonio menor Choronzon en “Una esperanza en el Infierno”, una de las primeras y más recordadas historias, incluida en Preludios y Nocturnos, del The Sandman de Neil Gaiman.

Cabe señalar, antes de terminar, que los comic books recuperados aquí incluyen también breves historias protagonizadas por personajes secundarios de la serie, escritas todas ellas por Baron y dibujadas por autores invitados, caso de George Freeman (en “Cuando era joven…”, protagonizada por Sundra Peale, la chica de Nexus), Bill Willingham (“Relatos de Dave”) y Mark Nelson (“La gran creencia”, que protagoniza Clonezone). Particularmente en “Relatos de Dave”, y más concretamente en su última viñeta, Baron logra demostrar su talento como narrador en apenas cuatro páginas.

No obstante, y a pesar del indudable oficio del guionista, a nuestro parecer es el arte de Steve Rude el que hace de Nexus un gran tebeo de género: si las historias de Baron todavía pueden leerse hoy con interés, pero ya con cierta distancia que les da un toque naif (como le ha pasado a los episodios clásicos de Star Trek, una de las influencias de esta obra), las ilustraciones de Rude, y sobre todo su concepto de la narración gráfica (influenciada por e influenciadora en el pop art), de una gran modernidad (véanse las escenas sin diálogos, o la composición fragmentada de figuras y espacios en diversas viñetas conjuntas), hacen de Nexus un cómic altamente disfrutable.

Título: Nexus (Volumen 2)
Autores: Mike Baron (guión) / Steve Rude (dibujo)
Editorial: Norma Editorial
Fecha de edición: diciembre de 2007
208 páginas (color) - 25 €

(+) Nexus (Volumen 1)

(++) Otros cómics de ciencia ficción:
- City of Tomorrow!
- Delta 99
- ¿Es bueno el hombre?
- Jeremiah Harm
- Ocean
- Solo
- The Surrogates
- The Vanishers

Pelham Uno Dos Tres… de nuevo sobre las vías

El film Pelham Uno Dos Tres, trepidante thriller de 1974 dirigido por Joseph Sargent y protagonizado por unos memorables Walter Matthau y Robert Shaw, estaba basado en la novela homónima de John Godey, y relataba el complicado secuestro de una línea de metro de Nueva York por parte de una banda de criminales que respondían a seudónimos basados en colores (algo que después recuperaría Quentin Tarantino con su Reservoir Dogs).

El film de Sargent es todavía hoy uno de los ejemplos más vibrantes que el género dio en la década de los 70, y sin alcanzar las cotas de trabajos firmados por realizadores más reputados -caso de William Friedkin, Sidney Lumet, John Frankenheimer o Alan J. Pakula, por citar algunos nombres-, merece recuperarse ahora para tenerlo en la alta estima que se merece, gracias al soberbio guión de Peter Stone y el buen hacer de todo su reparto.

A lo largo de este año se estrenará el remake del film, en realidad el segundo que se realiza: en 1998 Félix Enríquez Alcalá dirigió para televisión The Taking of Pelham One Two Three, con Edward James Olmos (Corrupción en Miami) y Vicent D’Onofrio (La chaqueta metálica) como el policía y el delincuente a los que dieron vida anteriormente Matthau y Shaw.

Ahora, el nuevo remake -este ya para la pantalla grande- se encuentra en manos de Tony Scott, y enfrentará al agente de la ley Denzel Washington (en su nueva colaboración con el realizador tras Marea roja, El fuego de la venganza y Déjà Vu) y al delincuente John Travolta. El esperado éxito de la cinta pondrá de nuevo de actualidad al film original. ¿Serán odiosas las comparaciones? ¿O Scott demostrará la garra de algunos de sus mejores filmes, como Amor a quemarropa o la citada El fuego de la venganza?

[Fotografía 2.ª- Promocional de El fuego de la venganza.]

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Posted by marcas_b in 11:47:13 | Permalink | No Comments »

Aguas negras: Bajas pa siones

Muy de vez en cuando, y al margen de grandes figuras del cómic, clásicos y contemporáneos, que uno sigue con atención y devoción, surge un autor, o una novela gráfica, de los que apenas tenías conocimiento previo y que contra todo pronóstico acaban por reconciliarte con el medio dada la alta calidad de la propuesta. Este es el caso de una obra, Aguas negras, y su autor, Nabiel Kanan.

Este cómic, editado recientemente por Dibbuks, pertenece sin lugar a dudas al género negro, pero se agradece sobremanera que se aparte de los tópicos más trillados del mismo: no encontrarán en sus páginas el habitual police procedural o investigación policial, así como al asesino en serie de identidad desconocida. No digamos ya al detective amargado y taciturno abandonado por su esposa, sin dinero, obsesionado por su profesión y empapado en alcohol barato. En The Drowners, pues ese es su título original, Kanan construye una historia de protagonismo coral, frente al individuo solitario que prolifera en el género, y en la que los múltiples protagonistas se interrelacionan atendiendo a relaciones afectivas, discrepancias de pareceres, conflictos de intereses varios… y en algunos casos el más puro azar.

A lo largo de los cuatro comic books que conforman la miniserie, reeditados por Image en 2006 como una novela gráfica unitaria, al igual que la editorial madrileña ha hecho ahora para su edición española, el lector conocerá al extenso reparto de este drama criminal, encabezado por James Quinn, un empresario surgido de la nada que creó un imperio virtual en la red pero que ahora no pasa por sus mejores momentos. Como decíamos antes, alrededor de este giran otros muchos personajes: su esposa Kate, con la que mantiene una fría y distante relación; el mafioso Shane, que controla el tráfico de droga en los callejones de Londres; Hayley Webb, una joven yonqui cuya adicción la mete de lleno en una pesadilla de la que no podrá escapar fácilmente; el doctor Green, médico de la anterior; o la misteriosa Emily Blake, que falleció ahogada pero reaparece como un fantasma en los pensamientos de algunos de los antes citados…

El interés del lector, que va creciendo a un ritmo imparable conforme avanza la acción -este es uno de esos tebeos de los que se puede decir que no puedes abandonar a la mitad-, pasa por la necesidad de ir descubriendo cómo acabarán casando todas las piezas del puzzle urdido por Kanan: queremos saber qué oscuro secreto esconde el pasado de Quinn, cómo acabará la relación de este con su esposa, en qué medida afectará la toxicomanía de Hayley a su hermana y a su cuñado, o qué papel determinante podrían jugar en la acción los secuaces del violento Shane, un joven vendedor de zapatos fascinado por la sofisticación de una mujer mayor que él, o un homeless que se cruza delante de un automóvil a toda velocidad en el momento menos indicado.

Así pues, la lectura de Aguas negras deviene en un gran placer, y esto es así gracias al talento de Kanan como guionista, así como al empleo de la narración visual que lleva a cabo: la obra hace gala de unos diálogos magníficos pero que, como demuestran las ilustraciones que acompañan a estas líneas, no son imprescindibles para que el autor cuente una historia con solvencia.

Esto no hace sino despertar nuestro interés por recuperar las novelas gráficas previas de Nabiel Kanan: Exit, La chica perdida y Cumpleaños turbulento, estas dos últimas editadas en español por la propia Dibbuks. Porque el inglés se trata, sin duda, de un espléndido autor completo: un guionista con talento para construir una historia que se sigue con creciente interés, un oficio a prueba de bombas para la creación y el desarrollo de personajes, así como un indudable oído para los diálogos. Igualmente, Kanan se revela como un dibujante que sabe extraer todas las posibilidades de la historia que tiene entre manos, narrando con solvencia y aprovechando el código del arte secuencial como muy pocos saben o quieren hacer hoy en día.

En resumidas cuentas: estamos ante una obra indispensable para los amantes del género negro, de final concluso y a la vez abierto a una posible continuación, así como ante un autor al que seguiremos con atención -y esperamos que también devoción- a partir de ahora.

Título: Aguas negras
Autor: Nabiel Kanan (guión y dibujo)
Editorial: Dibbuks
Fecha de edición: enero de 2008
96 páginas (b/n) - 10 €

(+) El weblog del autor:
- Nabielkanan.com

[Ilustración 5.ª- Autorretrato, por Nabiel Kanan.]

Un capricho: Gil Elvgren

En la línea de publicaciones de Taschen que celebran los 25 años de la editorial con precios bastante populares para tratarse de libros de arte se encuentra Gil Elvgren. The Complete Pin-ups, de Charles G. Martignette y Louis K. Meissel.

El volumen incluye más de medio millar de ilustraciones que demuestran por qué Elvgren se convirtió en el nombre más representativo del arte del pin-up. Un capricho para llevarse a casa por menos de 10 euros.

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Road to Hell / Kuro sagi: No es lo mismo

Ha querido el azar que dos lecturas recientes de tebeos pertenecientes al género de terror nos hayan recordado la situación que se dio en la cinematografía internacional a finales de los años 90 y principios de esta década, y que supuso el inicio de la hegemonía del cine de género asiático en todo el mundo: el agotamiento de las manidas fórmulas del Horror made in USA, con muchos de los antiguos maestros o bien reciclados en otros géneros y maneras de entender el cine (David Cronenberg, Brian de Palma), o bien tratando el mismo desde otra perspectiva (Wes Craven y su trilogía Scream), o directamente en horas bajas (George A. Romero, Tobe Hooper), dejaron al John Carpenter de Vampiros y Fantasmas de Marte solo en mitad de la contienda. El fan irredento, por ello, acabó refugiándose en una nueva estética del horror filmado, encabezada por el Ringu de Hideo Nakata, y donde pronto llamarían la atención cintas de los hermanos Danny y Oxide Pang o el inefable Takashi Miike.

Y nos lo ha recordado porque ambos cómics pertenecen a zonas geográficas bien distintas, y porque el agotamiento al que nos referíamos es bien tangible en una obra (de origen estadounidense) como Road to Hell, miniserie de tres comic books publicada por IDW Publishing, y que Norma Editorial recoge en un solo volumen, el 63 de la ya longeva serie temática Made in Hell.

La historia que cuenta Road to Hell está protagonizada por Frank Tanner y algunos de sus mejores amigos. El primero recibe una llamada de auxilio de su hermano Derek, que desde que ambos eran pequeños lo ha venido metiendo en toda variedad de problemas, además de dejarle solo al cuidado de sus padres, hasta el fallecimiento de ambos. Como puede verse, estamos ante la enésima variación de la narración bíblica de Caín y Abel, que desembocará en un viaje infernal a bordo de una furgoneta en busca del problemático Derek.

En este viaje, salpicado por la presencia de zombis, niños asesinos y perros de dos cabezas, acabarán por salir al exterior los demonios interiores de los protagonistas, sumergiéndolos en una pesadillesca confusión donde la carretera (al infierno) cambia de dirección, y el presente y el pasado (en realidad varios presentes y varios pasados, reales y alternativos) se confunden. Lo que parecen no saber Martin Schenk y Todd Lincoln, los guionistas de la obra, es que para confundir a sus personajes no es necesario, ni siquiera conveniente, confundir a un lector que acaba por perder el interés en lo que le están contando.

Lo único que se salva de tamaño desaguisado es la parte gráfica, con el trabajo más que correcto de Genevese Neves, apoyada por el color de Bruno Hang. Es esta la única ventaja que se puede sacar de Road to Hell al tratarse de una novela gráfica: de tratarse de un libro del género, no habría por dónde cogerlo.

Mucho mayor interés tiene una muestra gráfica de cómo entender el terror a la manera japonesa: el debut de Kurosagi, una serie abierta obra de Eiji Ôtsuka y Housui Yamazaki, nos recuerda por qué los espectros femeninos de cabello largo fascinaron a espectadores de todo el mundo… antes de que esta misma fórmula empezara igualmente a mostrar síntomas de agotamiento.

La obra, cuyo subtítulo es Servicio de entrega de cadáveres, empezó a publicarse en Japón en 2002 en las páginas de Ace Tokunon, publicación trimestral de la editorial Kadokawa destinada a un público juvenil (esto es, manga shônen). En cambio, en su edición española, Glénat ha optado como otras muchas editoriales occidentales en etiquetarla como seinen (es decir, un cómic destinado a un público más adulto). Un cambio este que resulta significativo respecto de las distintas maneras de acercarse al mundo de los espíritus por parte de los lectores orientales y occidentales.

El protagonista principal de la serie es Karatsu Kurô, un joven que tras terminar sus estudios en una universidad budista no sabe muy bien qué hacer con su vida. Sus aptitudes como médium le acabarán llevando a formar parte de un grupo liderado por la manipuladora hacker Ao Sasaki, y donde militan también un zahorí que detecta cadáveres, una maquilladora de cuerpos y un ventrílocuo que se comunica con los alienígenas (!) a través de su marioneta (!!). Las distintas habilidades de todos ellos les llevarán a crear un grupo especial, camuflado como empresa de reparto, dedicado a ayudar a los espíritus de los difuntos.

Como puede verse, Kurosagi es un diáfano ejemplo de una espiritualidad anhelada en todos los rincones del mundo e interpretada a su vez en clave de terror puro y duro. Así, el lector encontrará en las páginas de este manga ecos del film de M. Night Shyamalan El sexto sentido, así como de series televisivas como A dos metros bajo tierra, Entre fantasmas, Tan muertos como yo, Médium o Tru Calling, sin olvidar el flirteo con la ciencia forense de CSI (en las páginas del cómic se menciona explícitamente la franquicia de Jerry Bruckheimer) o Dexter.

Nada nuevo bajo el sol, bien es cierto, pero si el reciclaje está resuelto con talento funciona, y los autores de Kurosagi cumplen con creces. Sobre todo Ôtsuka, el guionista, que en la historia “Falta de felicidad” construye un auténtico episodio piloto de la serie, presentando a los distintos protagonistas y contando el nacimiento del grupo, además de reflejar el fenómeno de las estrellas de rock adolescentes en Japón.

El resto de historias del volumen presentan ya al grupo Kurosagi a pleno rendimiento: “Lonely People” cuenta el anhelo de una anciana muerta y momificada por ser enterrada donde merece; “El mago del desamor” enfrenta al grupo con un asesino en serie que secciona a sus víctimas y reconstruye con ellas cuerpos perfectos (una historia esta que presenta ecos de MPD Psycho, la más popular creación de Ôtsuka); y, finalmente, “Lluvia de septiembre” habla del cálculo de probabilidades de morir según dónde, cuándo y cómo, en una historia que concluye con brillantez y humor negro… y deja con ganas de más. Porque, definitivamente y comparándola con Road to Hell, el terror asiático no es lo mismo.

Título: Road to Hell
Autores: Martin Schenk & Todd Lincoln (guión) / Diogenese Neves (dibujo)
Editorial: Norma Editorial
Fecha de edición: febrero de 2008
72 páginas (color) - 10 €

Título: Kurosagi. Servicio de entrega de cadáveres (Vol. 1)
Autores: Eiji Ôtsuka (guión) / Housui Yamazaki (dibujo)
Editorial: Glénat
Fecha de edición: noviembre de 2007
208 páginas (b/n) - 8,95 €

(+) Otros cómics de terror de IDW / Made in Hell:
- El ladrón de días
- Karney
- La casa infernal
- Night Mary
- Soy leyenda
- Wormwood
- Zombies Party

(++) Otros cómics de terror asiático:
- Goth
- MPD Psycho
- Tomie

Bodrios que hay que ver: El ático (Crawlspace)

Dejen que empiece con un apunte personal: un servidor, como todo el mundo, tiene recuerdos audiovisuales de cuando era joven; películas de las que vi algún fragmento, o incluso en su totalidad, pero que con el paso del tiempo acabé olvidando casi por completo, con la salvedad de algún detalle que me marcó particularmente. Y durante años estuve convencido de que había visto un film llamado El ático, que daba bastante mal rollo, y del que solo recordaba tres cosas: la cara del malo de la película (que años después identifiqué con Klaus Kinski), una persona sin lengua encerrada en una jaula, y un sujetador cortado con unas tijeras para permitir que se vieran los pezones a través del él. Hale, hagan lecturas freudianas e intenten deducir de todo aquello el porqué uno es como es y el porqué perdemos el tiempo viendo según qué cosas y contándoselo a ustedes en esta vuestra sección favorita de los martes.

Recientemente he tenido la oportunidad de volver a ver el dichoso film, que efectivamente se tituló aquí, imagino que solo para el mercado doméstico, El ático (su título original es Crawlspace). Y para lo único que ha servido es, además de para comprobar que yo no estaba loco y que ahí estaban Kinski, la muda enjaulada y los pezones desvergonzados, para demostrar eso de que el paso del tiempo y la inocencia de la infancia lo dignifican y magnifican todo, y que lo que peor mal rollo da de este film de 1986 es pensar en los ochenta minutos que se pierden viéndolo.

Les cuento un poco de qué va, que al fin y al cabo es bastante sencillo: el simpar Kinski ejerce de inquietante casero de un edificio de apartamentos en el que solo permite hospedarse (ay, pájaro) a chicas jóvenes y más o menos atractivas, a las que espía a través de los conductos de ventilación, por donde se mueve como una rata (simpática especie esta, por cierto, de la que se ven varios especímenes en el film). Mientras tanto, en su residencia (el ático del título), lleva a cabo sus experimentos sobre el dolor y la muerte: enseguida descubriremos que el siniestro individuo, que responde a un nombre tan significativo como el doctor Karl Gunther (cualquiera que le alquile una residencia con ese nombre merece morir), es el hijo de un nazi que lo envió a él y a su madre a Argentina tras el fin de la II Guerra Mundial, y que con el paso de los años, atormentado por la figura paterna, Adolf Hitler y los fantasmas del nazismo, se ha convertido en una suerte de Josef Mengele de saldo, que con su Quimicefa Edición Gestapo experimenta con los límites del dolor.

Entre sus costumbres mundanas, además de arrastrarse por los conductos a ver cómo las chicas se contonean delante del espejo (claro que hay erotismo gratuito: ¡esta, como esta otra, es una producción de Charles Band, amigos!) o hacen una fiesta de pijama con batidos de tequila, está el escribir sus recuerdos de infancia, que lee a su única compañía (la pobre Martha, la mujer que tiene encerrada en una jaula y a la que le cortó la lengua para que no le interrumpiera), así como proyectar una y otra vez películas de propaganda del Führer, vestirse de uniforme, maquillarse con el maletín de la Señorita Pepis y jugar a la ruleta rusa con una bala con su nombre grabado todas las noches antes de dormir.

La película, además de por Kinski, está protagonizada también por un extenso elenco de atrices: Talia Balsam (hija, claro está, de Martin Balsam, y única mujer que ha llevado a George Clooney al altar: estuvieron casados cuatro años), Tané McClure (hija de Doug McClure; sí, el de Los Simpson), Carole Francis (sospechamos que hija de Anne Francis o de la mula Francis, una de las dos) y Barbara Whinnery (esta no es hija de nadie). Y hay que señalar también que cuenta con una banda sonora de Pino Donaggio, compositor habitual de Brian De Palma, y al que muchos recordarán como un intérprete de canción ligera italiana reconvertido en un Ennio Morricone marca Hacendado: esto es, más barato que el original.

La película, en definitiva y como imaginarán, tiene la voluntad de resultar desagradable, y con la participación del actor austríaco debería funcionar (todos sabemos que cualquier película rara o enfermiza, con Kinski dentro, es más rara o enfermiza que al principio)… pero no lo consigue, y se convierte en una versión descafeinada de clásicos del terror voyeurista al estilo de Psicosis o El fotógrafo del pánico. La culpa, imaginamos, es de David Schmoeller, el autor de semejante bodriete.

La carrera profesional de Schmoeller como director y guionista es realmente curiosa. Su filmografía como realizador arranca con una serie B bastante interesante, que ha devenido en film de culto: Trampa para turistas, de 1979 y protagonizada por Chuck Connors. Después seguiría trabajando en el género fantástico, con películas que confieso (y no sé si lamento) desconocer, como The Seduction (¿hay algo más terrorífico que Morgan Fairchild?), Catacombs (sobre un demonio atrapado en un monasterio, un film protagonizado por sacerdotes, un albino poseído y Jesucristo, en orden de importancia) o The Arrival (que las cuatro personas que la han visto a lo largo y ancho del planeta dicen que no estaba mal). Después de estas joyas, su carrera tomó el camino inverso a la mayoría de realizadores y ha acabado filmando cortometrajes, suponemos que por aquello de familiarizarse con la cámara.

En cuanto a su faceta de guionista, la cosa tiene su aquel: en su muy variada producción encontramos títulos como la primera Puppet Master (que también dirigió, y escribió con el simpático seudónimo de Joseph G. Collodi: este David tiene su sentido del humor, ¿eh?), Puppet Master II, Puppet Master III: Toulon’s Revenge, Puppet Master 4, Puppet Master 5: The Final Chapter (¿el capítulo final? Y un carajo), Curse of the Puppet Master (¿ven? Lo que yo decía), Retro Puppet Master, Puppet Master: The Legacy (que no sé si traducir como “El Legado” o “La Legaña”) o Puppet Master vs. Demonic Toys. Un escritor versátil donde los haya, aunque de qué cabe extrañarse si en su currículo figura en los agradecimientos -imaginamos que en versiones restauradas hoy en día- de Two Arabian Nights o The Racket, películas de finales de los años 20 (cuando todavía no había nacido… qué inquietante), o aparece reseñado como “intern to Peter Hyams” en Capricornio Uno. El idioma inglés no es lo mío, por lo que ya no sé si se refieren a que era becario del realizador (no sean malpensados), o lo de intern to es literal y estaba dentro de Peter Hyams, por lo que hablaríamos de un indudable caso de posesión diabólica, con Schmoeller dirigiendo el film desde dentro del cuerpo de Hyams. Dios Santo, qué miedo da David Schmoeller.

Un miedo, claro, que no consigue dar su película por mucho que el realizador lo intente. Los personajes femeninos del film, con excepción de la protagonista principal, son entre alelados y ridículos, y la preocupación del espectador por su futuro inmediato es algo así como nada, cero, nulo, me importa un huevo. De ahí que todas las simpatías están con el personaje de Kinski, al que instamos continuamente para que acabe con todos los residentes de la comunidad. Pero claro, al final el peor parado es él, y después de una muerte simulada (y ridícula) acaba muriendo de verdad (también ridículamente). En un plano, por cierto, que no se llega a ver, como si sutilmente el realizador nos indicara con buen gusto y aprecio por la elipsis que los fantasmas del nazismo nunca llegarán a desaparecer del todo. ¿Buen gusto? Nah, debió ser para ahorrarse la sangre, o porque Kinski se quedó en casa lanzando dardos a una foto de Werner Herzog o releyendo sus simpáticas memorias -Yo necesito amor-, no presentándose en el rodaje ese día, y Schmoeller no se podía permitir alargar más el alquiler del equipo.

Por cierto, y para terminar: ¿qué tienen de terrorífico los áticos, aparte del precio del alquiler? Porque ya hay varias películas que comparten el título: véase la edición en DVD de Midnite Movies que comparten este film y The Attic (1980), protagonizada por Carrie Snodgress y Ray Milland; o, también, The Attic (2008), la basura dirigida por Rachel Talalay de la que ya les advertí hay que pedir una orden de alejamiento. Porque es mucho peor que la cinta que nos ocupa, aunque pueda parecer increíble.

Post Scriptum.- Dado que el ilustrar la reseña de Carretera al infierno II con fotos de Kari Wuhrer ligera de ropa no ha recibido otra cosa que aplausos, hoy hemos optado por poner una foto de la estrella del film -acompañado de su hija Nastassja, bien pequeña- como Satán lo trajo al mundo. Que ustedes lo disfruten

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Marzo: No ve dades Pon ent Mon

La editorial Ponent Mon anuncia cuatro novedades, dos europeas y dos asiáticas, para el próximo mes:

- El testimonio
Étienne Davodeau
100 pp. (color) - 17 €

- Tormenta y desesperanza
Lucie Durbiano
128 pp. (color) - 17 €

- Bokko (vol. 5)
Hideki Mori & Kenichi Sakemi & Sentaro Kubota
200 pp. (b/n) - 11 €

- Homunculus (vol. 8)
Hideo Yamamoto
224 pp. (b/n) - 10 €

Acertamos en nuestro pronóstico, y como ocurriera el año pasado con Infiltrados y Babel, en esta ocasión la ganadora del Globo de Oro no ha sido finalmente la elegida como merecedora del Oscar a la Mejor Película: la prodigiosa No es país para viejos, de Joel y Ethan Coen, ha conseguido cuatro estatuillas, entre ellas las de Mejor Película y Mejor Director, dejando a Expiación tan solo con una a la Mejor Partitura Original.

El pronóstico que sí se cumplió fue ver a Javier Bardem convertido en el Mejor Actor de Reparto del año, por su interpretación del asesino Anton Chigurh. El otro Oscar que ganaron los Coen fue el de Mejor Guión Adaptado, por su versión de la novela homónima de Cormac McCarthy.

También se cumplieron todas las quinielas con la victoria de Daniel Day-Lewis como Mejor Actor Protagonista por There Will Be Blood (Pozos de ambición), así como el Mejor Guión Original para Diablo Cody por Juno.

Las sorpresas vinieron en las categorías de interpretación femenina: ni Julie Christie, ni Ellen Page, ni Amy Ryan, ni una doblemente nominada Cate Blanchett consiguieron llevarse el gato al agua. La Mejor Actriz Protagonista fue Marion Cotillard por su encarnación de Edith Piaf en La vida en rosa, mientras que la Mejor Actriz de Reparto fue Tilda Swinton por su trabajo en Michael Clayton.

Finalmente, mencionar las tres estatuillas que ganó El ultimátum de Bourne, todas en categorías técnicas; la victoria de Austria en la lucha por el Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa; y el hecho de que Ratatouille desbancó a Persépolis como Mejor Film de Animación.

Hay que destacar también que de nuevo este año, como aperitivo de los Oscars, se han concedido los Independent Spirit Awards, que premian al mejor cine independiente del año. En esta ocasión, la vencedora ha sido Juno, de Jason Reitman, un film a nuestro parecer muy sobrevalorado, que ha supuesto también premios para Ellen Page como Mejor Actriz (a este respecto, nada que objetar) y a Diablo Cody como autora del Mejor Primer Guión.

El resto de actores premiados fueron Philip Seymour Hoffman (por The Savages), Cate Blanchett (por interpretar a Bob Dylan en I’m Not There) y Chiwetel Ejiofor (por Talk to Me). La todavía inédita en España The Savages obtuvo también el premio al Mejor Guión, y Julian Schnabel fue el Mejor Director del año por La escafandra y la mariposa.

En cuanto a los Razzies, que premian lo peor del año, ha habido dos claros ganadores: por un lado, Eddie Murphy y su Norbit, y por otro lado I Know Who Killed Me, que fue premiada con ocho premios (un récord en la historia de estos galardones), entre ellos los de Peor Película y Peor Actriz para Lindsay Lohan. El film, dicho sea de paso y sin ser nada del otro jueves, nos parece un thriller digno y divertido precisamente por lo que tiene de descarado, y es claramente superior a muchas películas que se estrenan a lo largo del año sin ser tan vilipendiadas.

[Imágenes: No es país para viejos, There Will Be Blood (Pozos de ambición), La vida en rosa, Juno, I Know Who Killed Me.]

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Libros de Sangre (VIII): Acontecimiento in fernal

“He visto el futuro del terror, y su nombre es Clive Barker.”
- Stephen King

Con Acontecimiento infernal, Clive Barker retoma el alto nivel de calidad que impera en sus Libros de Sangre, y sumerge la ciudad de Londres en un auténtico Infierno en la Tierra, una situación que retomará posterior y más abiertamente en el brevísimo relato ¡Abajo, Satán!

A lo largo de la acción de este cuento de terror, el lector es testigo de la celebración de un maratón benéfico contra el cáncer por distintas calles de la capital inglesa. Uno de los participantes es Joel Jones, que tiene en Frank McCloud o el africano Voight a sus más encarnizados oponentes. Detrás del éxito de Jones está Cameron, ex corredor convertido en manager veterano de una joven promesa.

Lo que en principio no saben ninguno de ellos es que en el cross se juegan algo mucho más importante que la realización de un evento benéfico. Esto es algo que Cameron sí acabará descubriendo, después de ver a Voight en el interior de un lujoso Mercedes negro minutos después de haberlo distinguido entre los corredores en la salida de la carrera. Seguir al coche para averiguar si lo que se está cociendo es un tongo acabará por costarle la vida.

Y es que no es precisamente un fraude lo que se oculta en la trastienda del maratón: nada más y nada menos que las fuerzas del Averno son las que participan cada cien años en una de estas carreras, sustituyendo a uno de los corredores por una criatura que toma su aspecto físico. La operación está liderada por Gregory Burgess, alto cargo del Hades, y la intención es que si el ser infernal consigue ganar la competición, esto supondrá el final de la democracia tal y como los humanos la entienden, así como la ascensión del Infierno.

De esta forma, Barker se adelantó unos años a la mirada moderna del género del terror realizada por el guionista de cómics Jamie Delano en los primeros números de Hellblazer, donde efectuaba una crítica en clave fantástica de la Inglaterra de Margaret Tatcher, a la vez que volvía a demostrar lo maravillosamente evocador que es su estilo narrativo y su capacidad para generar imágenes cargadas de desasosiego. Otra pieza maestra más de una obra pródiga en joyas de semejante calibre.

“Acontecimiento infernal”, en Libros de Sangre (vol. 1)
Clive Barker
Madrid, La Factoría de Ideas, 2005, pp. 257-285.

There Will Be Blood: Americana

Algo como There Will Be Blood (Pozos de ambición) se veía venir de lejos. Dos películas anteriores de su director, Paul Thomas Anderson, ya dejaban ver la intención por parte del cineasta de filmar la Gran Película Americana no ya del año, sino (como poco) de la década: Boogie Nights y Magnolia, por su capacidad de abarcar las grandezas y las miserias del ser humano (estadounidense), por su protagonismo coral, por su virtuosismo formal, y por su desmesurado metraje, ya adelantaban lo que finalmente ha venido a ser este film protagonizado por Daniel Day-Lewis, y que reconcilia a la cinefilia con P. T. Anderson después del gran fiasco que fue Punch-Drunk Love (Embriagado de amor).

A partir de la novela de Upton Sinclair Oil! (reeditada en español por Edhasa, con motivo del estreno del film, como Petróleo), y de la que se toma bastantes libertades (entre ellas, el cambiar los nombres de los personajes principales), Anderson convierte al protagonista de Mi pie izquierdo en Daniel Plainview, un pionero en la extracción de petróleo de finales del siglo XIX, un hombre de negocios tan visionario como manipulador, que no duda en emplear a su hijo adoptivo (que perdió a su verdadero padre, trabajador al servicio de Plainview, en un accidente laboral) para minar las defensas emocionales de los dueños de las tierras a comprar.

Plainview encontrará la horma de su zapato en Eli Sunday, un joven predicador que lidera la Iglesia de la Tercera Revelación, y que desconfiará del empresario. Este personaje le ofrece al joven Paul Dano, una de las revelaciones de Pequeña Miss Sunshine y al que vimos también en Fast Food Nation, la gran oportunidad de su (corta) vida profesional, y el actor lo aprovecha a conciencia, estando a la difícil altura de Day-Lewis.

No hemos leído la novela de Sinclair, pero no dudamos en que sus páginas estarán empapadas de la siempre marcada ideología política del autor. Esto es algo que a Anderson no le interesa. Al cineasta californiano le preocupa sobre todo ofrecer un retrato de la ambición (un elemento este que no se les ha pasado por alto a los distribuidores españoles del film: véase el horrible subtítulo patrio) de un hombre, y de cómo este se ve corrompido por aquella, terminando sus días convertido en un individuo adinerado, sí, pero también solo, amargado y enfermo.

Anderson ha demostrado en sus películas anteriores su admiración por los géneros y sobre todo por sus cineastas de cabecera: en su deslumbrante debut, Sidney (Hard Eight en el original), se acercó al género negro en su vertiente más fría y pura, al estilo del polar francés, sin olvidar a los clásicos del noir de serie B tipo Mark Robson, Don Siegel o Joseph H. Lewis; y en la citada Punch-Drunk Love parece citar, subrayado por la presencia de un Adam Sandler a ratos fascinante, a ratos irritante, las comedias extravagantes de Alexander Payne, Spike Jonze o Wes Anderson. Todavía más diáfana resulta su deuda con dos cineastas de importancia radical en la resurrección del mejor cine norteamericano durante la década de los 70: en Boogie Nights, su radiografía de los orígenes del cine X, Anderson tiene la mirada puesta en el cine de Martin Scorsese; y en Magnolia, en cambio, opta por emular con descaro los grandes frescos sociales del malogrado Robert Altman, con un film que demuestra en muchos aspectos que el alumno supera al maestro.

Ahora, con There Will Be Blood, Anderson tiene la mirada puesta en dos maneras de concebir el cine bien distintas pero complementarias. Por un lado, en la mirada clásica de directores como Victor Fleming o George Stevens: algo de la épica de Lo que el viento se llevó o Gigante impregna los oscuros fotogramas del film que nos ocupa. Pero, al mismo tiempo, el realizador bebe de la radical modernidad de Ciudadano Kane de Orson Welles o de la filmografía de Stanley Kubrick en su manera de mostrar la peripecia vital de Daniel Plainview, en uno de los falsos biopics más brillantes jamás rodados. Es precisamente al autor de obras maestras de la talla de Lolita, 2001 o Eyes Wide Shut al que más recuerdan los encuadres de There Will Be Blood, así como su arranque (veinte deslumbrantes minutos, prácticamente mudos), su brutal y anticlimático final (absolutamente kubrickiano) y algunos pasajes de una banda sonora, compuesta por Jonny Greenwood (miembro del grupo Radiohead), que subraya la acción en todo momento, al estilo del cine de Hollywood de tiempos pretéritos.

Todo en There Will Be Blood está concebido para resultar en la Película Más Perfecta Jamás Rodada… Un imposible al que, sin embargo, Anderson se acerca bastante: Daniel Day-Lewis, por más que muchos abominen de su indudable tendencia a la sobreactuación, está memorable como el magnate Plainview, y su trabajo -repleto de matices- lo sitúa merecidamente como favorito para el Oscar de interpretación de este año. Del resto del reparto, además del ya mencionado Paul Dano, cabe citar a dos actores estupendos, Ciarán Hinds y Kevin J. O’Connor, como el hombre de confianza y el hermanastro de Plainview. Finalmente es de justicia señalar como gran revelación del film al jovencísimo Dillon Freasier en la piel del hijo del protagonista.

Ahora, tras There Will Be Blood, se tiene la sensación de que Paul Thomas Anderson, que todavía no ha cumplido los cuarenta años, puede hacer prácticamente cualquier cosa. No es mala carta de presentación esta para la película que nos ocupa.

(+) Sobre Paul Thomas Anderson:
- Punch-Drunk Love (Embriagado de amor)

(++) Otra aproximación a la obra de Upton Sinclair:
- La jungla (adaptación al cómic, por Peter Kuper)

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Ramalho / To Kill the As sassin: Dos tipos muy duros

En el transcurso de un reciente ciclo de conferencias sobre cómic auspiciado por la Caja de Ahorros del Mediterráneo, el crítico Antoni Guiral y el editor de Edicions de Ponent Paco Camarasa, a la sazón presentador de la charla, subrayaron ambos la inexistencia de una industria del tebeo español como uno de los principales problemas para el desarrollo del medio autóctono, y establecieron un paralelismo con la situación del cine patrio, que después de haberse dedicado casi por entero durante años a la producción de cine de autor, empezaba a despertar en los últimos tiempos gracias a cineastas como Álex de la Iglesia, Alejandro Amenábar o Santiago Segura, y filmes de éxito como El día de la bestia, El laberinto del fauno, REC, El orfanato o la saga de Torrente.

Con el cómic concebido y editado en este país ha venido pasando un poco lo mismo, si bien el cambio de una situación a otra es más reciente en el tiempo, y apenas hemos empezado a vivirlo: durante muchos años el cómic español era, sobre todo, historieta de autor, intimista o costumbrista, o directamente concebida para un público únicamente infantil y juvenil (que, paradójicamente, es el que cuesta encontrar ahora mismo). Esta situación supuso la marcha de autores con claras influencias del comic book norteamericano (Carlos Pacheco, Salvador Barroca o Pasqual Ferry son los más reconocidos al respecto), así como el fracaso de intentos editoriales como la línea Laberinto de Planeta de Agostini, dirigida por el propio Guiral. En cambio, en los últimos meses ha habido una eclosión tanto creativa como, nos gustaría pensar, industrial, floreciendo nuevas editoriales o asentándose otras al margen de los grupos más veteranos, caso de Planeta, Norma o Glénat.

A esto contribuye que el tebeo español parece haberse reconciliado con los géneros: si los superhéroes todavía siguen siendo la asignatura pendiente de la historieta de nuestro país, sin duda debido a un complejo de inferioridad respecto del producto yanqui, el cómic de fantasía, ciencia ficción, terror o género negro manufacturado aquí empieza a presentar múltiples ejemplos, algunos de calidad contrastada y éxito comercial.

Un caso paradigmático es Ramalho (Una mina llamada Infierno), de Alejandro M. Gallo y Julio Cangialosi, editado a finales del año pasado por Dolmen. Y decimos que es paradigmático porque, además de ser un puro tebeo de género (negro), subraya la interrelación entre medios distintos al ser una adaptación al noveno arte de la novela Una mina llamada Infierno, del propio Alejandro Gallo, que ha recibido encendidos elogios de la crítica especializada en literatura policiaca.

El protagonista de la novela y del cómic es el inspector Ramalho da Costa, un asturiano ex boxeador de éxito conocido como ‘El Trini’, reconvertido en policía establecido en un Madrid azotado por la desaparición de unos niños y los asesinatos cometidos por un serial killer patrio conocido como Cero.

Ramalho verá como es apartado de su caso y destinado a otro bien distinto en un territorio que conoce bien: Vega del Bierzo. Allí se han producido cuatro asesinatos, cinco si la última víctima, hospitalizado en estado grave, acaba falleciendo. De esta forma, Ramalho llegará al Bierzo y se hará pasar por un trabajador que busca trabajo en la mina con el fin de desentrañar una oscura trama financiera que, el género obliga, viene condicionada por hechos del pasado.

Gallo, que en su traslación de un medio a otro ha salido mejor parado que otros ejemplos recientes de semejante trasvase (véase el caso del cineasta Paul Naschy y el fallido Waldemar Daninsky), demuestra conocer bien el mundo que refleja su obra: jefe de la Policía Local de Gijón, se ha acercado al género que ama con el respeto de un lector crítico especializado y con la sabiduría que le confiere su carrera profesional, y articula una historia narrada a modo de flashback (Ramalho es interrogado por sus superiores acerca de los hechos que acontecieron en el norte de España) que se lee con creciente interés, a lo que contribuye el acertado dibujo del argentino Cangialosi.

El volumen se complementa con un relato de veintiocho páginas, obra del propio Gallo y protagonizado por Ramalho: “La daga de Moctezuma (Asesinato en Gijón)”. En dicho relato, el autor se deja conquistar por el espíritu más popular y pulp del género policiaco y construye una trama detectivesca donde no faltan un mítico puñal regalado por el Papa Pío XI a Hitler (!) o una pareja de sacerdotes gemelos que matan al servicio del Vaticano (!!). Un divertimento que merece la pena leerse.

Otro cómic decididamente de género, y publicado también a finales del pasado 2007, este por Dibbuks, es To Kill the Assassin, obra de Massacre. Detrás de un título y un seudónimo tan anglosajones se esconde una obra y un autor españoles ambos que beben de la narrativa negra norteamericana más hard boiled, al estilo de las novelas de Mike Hammer escritas por Mickey Spillane, partiendo de la figura de Alex Ingav, un individuo que padece amnesia y que sospecha de sí mismo ser un asesino a sueldo.

Conforme avanza la acción, el lector va descubriendo junto con Alex las razones que lo han llevado a su actual estado, y como ordenan las directrices del género, todo acaba resolviéndose en las últimas páginas (cuya conclusión, por supuesto, nos guardaremos muy mucho de desvelar aquí).

Menos sutil que Gallo, Massacre -apodo tras el que se esconde un ingeniero de profesión que, indudablemente, conoce y ama el género que nos ocupa- apuesta aquí por la vertiente más potente del género: si el primero parece heredero de Raymond Chandler (o de Jacques Tardi, por hablar de tebeos), el segundo bebe de la literatura de Jim Thompson o el citado Spillane. Así, si los crímenes de Ramalho acontecen en ocasiones fuera de plano, apostando por la elipsis, y el sexo aparece poco y se refleja de forma elegante, Massacre opta por los disparos a bocajarro y un sexo mucho más explícito, aunque no caiga en la pornografía.

En cuanto al trabajo gráfico de Massacre, se trata de una obra que también se aleja de la visión más clásica del género y del medio, al estilo de Cangialosi: el autor de To Kill the Assassin no intenta disimular la obvia influencia del Frank Miller de Sin City. Y aunque no llega ni mucho menos a alcanzar la fueza y la expresividad de este último, ofrece un trabajo competente, narrado con oficio y claridad, y con algunos momentos particularmente inspirados.

Así pues, estamos ante dos tebeos que merecen la atención del lector, y no ya solo por sus propios méritos (que los tienen), sino por lo que significan, junto con otras obras de similares o parecidas características (véanse al respecto los enlaces al final de esta nota), para lo que debería suponer el resurgir de un tebeo de género hecho aquí; y por tanto un primer paso, pequeño pero decisivo, para conseguir instaurar una industria del tebeo patrio.

Título: Ramalho (Una mina llamada Infierno)
Autores: Alejandro M. Gallo (guión) / Julio Cangialosi (dibujo)
Editorial: Dolmen
Fecha de edición: octubre de 2007
104 páginas (b/n) - 15 €

Título: To Kill the Assassin
Autor: Massacre (guión y dibujo)
Editorial: Dibbuks
Fecha de edición: noviembre de 2007
144 páginas (b/n) - 12 €

(+) Otros tebeos de género negro de autores españoles:
- Al mejor postor (Víctor Santos)
- Blacksad (Juan Díaz Canales y Juanjo Guarnido)
- Corre hombre, corre (Florenci Clavé)
- El cartero siempre llama dos veces (Florenci Clavé)
- Guerreros urbanos (Pere Pérez)
- Jazz Maynard (Raule y Roger)
- Lunas de papel (Fermín Solís)
- María Dólare$ (Enrique Sánchez Abulí y Félix Vega)
- Núbilus (José Antonio Fideu y Vicente Cifuentes)
-
Torpedo (Enrique Sánchez Abulí y Jordi Bernet)

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El trailer del vi ernes: The Hap pening

M. Night Shyamalan nos parece, indiscutiblemente, el mejor director de género de los nuevos nombres del cine norteamericano. A medio camino entre la capacidad de fascinación de Steven Spielberg y la preocupación formal de P. T. Anderson o los hermanos Coen, con un pie en el clasicismo de Jacques Tourneur o de Terence Fisher, el cineasta de origen indio ha filmado, al menos, dos obras maestras indiscutibles del género fantástico, El protegido y El bosque, y otras dos que se les acercan bastante: su gran éxito El sexto sentido y la muy reivindicable Señales.

Tras la decepción que supuso su anterior film, La joven del agua, sus fans tenemos la oportunidad de reconciliarnos con su obra gracias a The Happening, su inminente nuevo film, que protagonizan Mark Wahlberg, Zooey Deschanel y John Leguizamo.

Podéis ver el nuevo (y muy prometedor) trailer de este estreno en su web oficial:

The Happening

Vuelve a las librerías españolas, de la mano como siempre de Mondadori, el enfant terrible de la literatura norteamericana actual: Chuck Palahniuk. El autor de Nana no está solo, desde luego (ahí están nombres como Dennis Cooper o Bret Easton Ellis para demostrarlo), pero gracias al éxito de su novela El club de la lucha, así como de la magnífica adaptación al cine dirigida por David Fincher, Palahniuk se ha convertido en un escritor con una legión de irredentos seguidores repartidos por todo el mundo.

La novela que marca el regreso de Palahniuk después de Fantasmas y de la antología de artículos Error humano es Rant (La vida de un asesino), con la que el autor vuelve a experimentar con los límites formales del género: si en la citada Fantasmas Palahniuk elaboraba una novela de novelas, que incluía los relatos concebidos por los propios protagonistas (una comuna de escritores aislados en un marco espacial concreto), en esta Rant construye una narración polifónica, escrita en primera persona, como si de un documental grabado en vídeo se tratase: muchos son los personajes que participan en la narración, dando su particular versión de los hechos que marcaron la vida y milagros de Buster Casey, alias ‘Rant’. Algo parecido, curiosamente, a lo que hizo el citado Cooper en Chaperos, retratando al escort Brad alrededor del que gira la acción.

Rant Casey es un joven de Middletown, criado por una pareja de clase media baja, que pasó de ser un niño especialmente travieso a convertirse un joven delincuente. Portador inicial (esto es, el paciente cero) de una variedad de la rabia extremadamente peligrosa, Rant es uno de los participantes de las llamadas choquejuergas: carreras de coches cuya finalidad es destrozar tu coche -siempre en la parte delantera, salvaguardando la trasera en la medida de lo posible- y, sobre todo, destrozar los vehículos de los demás. Es obvio que con este elemento Palahniuk pretende reflejar un futuro inmediato -y lamentablemente plausible- en el que el dolor y el sufrimiento se han convertido en espectáculo, en entretenimiento para las masas: los ecos de La naranja mecánica de Anthony Burgess (y Stanley Kubrick) y Crash de J. G. Ballard (y David Cronenberg) son evidentes.

Pero, como suele decirse, quien mucho abarca poco aprieta. Y eso es precisamente lo que le ha pasado a Palahniuk en esta ocasión, al igual que ya le ocurrió con Fantasmas: la novela que nos ocupa va de un género a otro -costumbrismo, crítica social, hasta ciencia ficción- sin decidirse por ninguno, y los cambios entre uno y otro son a veces demasiado bruscos: a lo largo de la mayoría de las trescientas páginas del libro, el autor de Monstruos invisibles narra la vida de Rant en Middletown, así como las consecuencias que trajo su desaparición y muerte a docenas de conocidos y miles de admiradores, sin olvidar a encarnizados detractores o estudiosos que analizan su figura desde una perspectiva cultural, social, antropológica, hasta filosófica. Pero hacia la parte final, y para explicar lo que parecían varias incongruencias de la narración, Palahniuk se saca de la manga -poco se había sospechado antes al respecto- la posibilidad de trasladarse en el tiempo, convirtiendo a Rant en un viajero temporal que se engendra a sí mismo para convertirse en una paradoja humana.

La idea, desde luego, es buena, y proporciona a Palahniuk la posibilidad de hablar de nuestro mundo tal y como lo conocemos desde una perspectiva en apariencia novedosa, así como de construir personajes tan interesantes como Neddy Nelson (sus declaraciones, que lo hacen partícipe de las teorías de la Gran Conspiración, son dignas de leerse), pero los elementos que conforman Rant no acaban de casar con naturalidad, y después del deslumbramiento inicial puede acabar sumergiendo al lector en el tedio.

Así, Rant se disfruta más como antología de aforismos (nadie puede negarle a Palahniuk una mirada personal, así como un estilo literario de gran valía) que como una ficción bien construida. Una pena, porque podría haber dado más de sí; o menos, pero mejor urdido. Así, Rant se queda en una choquenovela más cuya principal razón de ser es la mera provocación.

Rant (La vida de un asesino)
Chuck Palahniuk
Barcelona, Mondadori, 2007
320 pp. - 19,90 €

(+) Sobre el autor:
- Chuckpalahniuk.es
- Entrevista en Babelia

(++) Sobre Fantasmas:
- Abandonad toda esperanza, salmo 47º: “Planeta Palahniuk”
- Fantasmas: Atrapados sin salida

[Imágenes: 1.ª- Brad Pitt en una imagen promocional de El club de la lucha; 5.ª- Chuck Palahniuk.]

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Los primeros temor es

La infancia y la adolescencia son períodos de nuestra vida en los que nos atenaza el miedo a lo desconocido. Y si no, que se lo pregunten a Courtney y a Polo, los personajes de dos estupendos cómics, hijos del norteamericano Ted Naifeh y el mexicano Tony Sandoval.

De todo ello hablamos en la columna de Abandonad toda esperanza de hoy. Podéis leerla pinchando aquí:

Miedos infantiles

Si Hitchcock hiciera películas hoy…

Espectacular portafolio el de Vanity Fair dedicado a homenajear algunos de los títulos más populares de la filmografía de Alfred Hitchcock… protagonizados por las nuevas estrellas de Hollywood: The 2008 Hollywood Portfolio Hitchcock Classics.

Entre las estrellas participantes, como no podía ser de otra forma al tratarse del Mago del Suspense, destaca la presencia de actrices rubias como Charlize Theron, Keira Knightley, Renee Zellweger, Gwyneth Paltrow, Jodie Foster… o Naomi Watts, que resucita impecablemente a la Tippi Hedren de Marnie la ladrona.

El reportaje fotográfico incluye tanto recreaciones bastante fidedignas (véanse a Knightley y una inquietante Jennifer Jason Leigh encarnando a las protagonistas de Rebeca, o a Foster atrapada en la cabina de Los pájaros)… como curiosos homenajes, casi paródicos, de clásicos del maestro Hitchcock: no se pierdan el divertido Seth Rogen (Lío embarazoso) encarnando al Cary Grant de Con la muerte en los talones.

También merece señalarse el estupendo homenaje a Extraños en un tren, protagonizado por los prometedores Emile Hirsch (Hacia rutas salvajes) y James McAvoy (El último rey de Escocia), así como la presencia de un Javier Bardem que junto con Scarlett Johansson recrea el escenario principal de La ventana indiscreta, y que confirma así, tras No es país para viejos, su entrada en el estrellato del cine norteamericano actual.

(+) Para disfrutar del reportaje completo:
- El portafolio de Vanity Fair
- El making off del portafolio

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